El volumen de la ausencia

23Ago16

 

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Ayer terminé de leer “El volumen de la ausencia” de Mercedes Salisachs, que fue Premio Ateneo de Sevilla en 1983. No fue el único premio de esta autora, ya que también recibió el Planeta en 1975 por “La Gangrena” (ya había quedado finalista en 1973), en 2004 gana también el Premio Fernando Lara por “El último laberinto”, en 2009 el Premio Novela Histórica Alfonso X el Sabio y algunos otros premios relacionados con su actividad como  escritora de literatura infantil y de cuentos.

En un artículo de ABC publicado con motivo de su fallecimiento, leo lo siguiente: Para una enemiga de la autocomplacencia como Salisachs, la escritura tiene más de transpiración que de inspiración: una continuada reelaboración de “hacer para rehacer, tachar para cambiar, quitar para añadir y, sobre todo, prescindir de aquello que se escribió con excesivo entusiasmo”. Me ha gustado lo de la transpiración: lo veo como lo de “sudar la camiseta”… y es que en este mundo cruel no hay atajos para el éxito: hay que trabajárselo. Solo hay que fijarse en los entrenamientos de los deportistas de élite, que aún permanecen en nuestra retina después de la clausura de los juegos de Rio de Janeiro.

La novela que motiva este post, “El volumen de la ausencia”, nos recuerda como ha sido la vida de muchas mujeres del franquismo y del postfranquismo: abnegación, trabajo, sacrificio, muchas veces renuncia y, casi siempre, sentimiento de culpa.

No soy capaz de valorar si se ha mejorado mucho en lo que a la vida de las mujeres se refiere: evidentemente hay más cultura, se estudia más, hay un mejor acceso al mundo laboral, todo el mundo habla de “conciliación” (curioso nombre este para denominar al hecho de poder llevar a tus hijos al médico, por ejemplo)… pero cuando ves las cifras de mujeres maltratadas se te cae todo posible argumento optimista.

El libro se lee con gusto, aunque también con un cierto regusto amargo por todo lo dicho más arriba. Hay como dos planos: el del presente en el que la protagonista conoce su enfermedad terminal (cuatro meses le restan de vida) y el del pasado, en el que descubrimos lo que pudo haber sido su vida si la “abnegación” y el “cumplimiento de sus deberes” no hubieran truncado esa posible “otra vida”.

Mercedes Salisachs falleció en 2014, a la edad de 97 años y siguió trabajando mientras la enfermedad se lo permitió, a un año más o menos de su muerte.



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