Vida y hechos de Alexis Zorba

12Ene11

He terminado de leer “Vida y hechos de Alexis Zorba”. Ya he hablado del autor, Nikos Kazantzakis, en un post anterior, pero ahora quisiera centrarme en el libro que sirvió de base a la conocida película “Zorba el griego”, protagonizada por Anthony Quinn.

No me gusta utilizar el blog para contar el argumento de las novelas o de las películas, creo que no aporta demasiado… si vas a leer el libro (o ver la película) es obvio que te vas a enterar del argumento y si no lo vas a leer pues que más da… no se trata de hacer un trabajo para el colegio…

Cuando leo un libro, me parece más interesante reflexionar sobre el impacto que me produce a mí y, si es posible, ponerlo en común con alguien: compartir esas impresiones. Este planteamiento es, sin duda, más enriquecedor.

Volviendo a Zorba: Kazantzakis nos presenta a un hombre especial: vital, creativo, amigo de sus amigos y pelin machista (ama y subvalora a la mujer a partes iguales). He leido en alguna parte que la novela tiene una fuerte carga autobiográfica, pero ignoro hasta que punto es  esto verdad.

Creo que lo mejor que puedo hacer es poner aquí una selección de frases o párrafos que he entresacado al ir leyendo y que creo que pueden mover a la reflexión:

  • Dos senderos igualmente cuesta arriba pueden llevar a la cima. Obrar como si no existiera la muerte, obrar con el pensamiento puesto sin cesar en la muerte, quizás sea la misma cosa.
  • –¿Qué misterio es éste? –pregunta–. ¿Qué es una mu­jer y por qué nos sorbe el seso tan fácilmente? ¿Qué significa eso, dímelo tú? Con idéntico estupor plantea el interrogante en presencia de un hombre, de un árbol en flor, de un vaso de agua fresca. Zorba ve cada día a todas las cosas por vez primera.
  • Este hombre, pensé, no ha ido a ninguna escuela y su ce­rebro no se le ha dañado. Ha visto las más diversas cosas, la inteligencia se le ha despejado, el corazón se le ha ensan­chado, sin que perdiera la audacia original. Cualquier pro­blema complicado, que para nosotros es insoluble, él lo resuelve cortando el nudo, como su paisano Alejandro Mag­no.
  • Mientras estamos viviendo una dicha, es raro que lo percibamos. Sólo cuando ya pasó y volvemos atrás la  mirada, comprendemos de pronto –a veces con sor­presa– cuán felices hemos sido.
  • Permanecimos silenciosos junto al brasero, hasta muy entra­da la noche. Comprendía yo nuevamente qué sencilla y fru­gal es la felicidad: un vaso de vino, una castaña, un mísero braserillo, el rumor del mar. Nada más. Y sólo se requiere, para comprender que en eso se halla la felicidad, un corazón igualmente sencillo y frugal.
  • El buen maestro no desea recompensa más brillante que ésta: la de formar un discípulo que lo sobrepase. ­
  • Recordé la mañana en que hallé en la corteza de un árbol un capullo, en el momento en que el gusano rompía los hilos envolventes, para convertirse en mariposa. Esperé largo rato; pero tardaba demasiado y yo tenía prisa. Fastidiado, me in­cliné y quise ayudarlo calentándolo con el aliento. Lo hice impaciente, y el milagro comenzó a cumplirse ante mis ojos, con un ritmo más precipitado que el normal. La envoltura se abrió, el gusano salió arrastrándose y no he de olvidar jamás el horror que sentí al verlo: las alas estaban todavía encogidas, dobladas; con todas las fuerzas de su cuerpecillo el pobre gusano trataba de extenderlas. Inclinado hacia él, lo ayudaba con el calor de mi aliento. En vano. Una paciente maduración era necesaria en aquel caso, el despliegue de las alas debía producirse lentamente al calor del sol; ahora era tarde. Mi aliento había forzado al gusanillo a que se presentara fuera del capullo, todo arrugadito, antes de término. Se agitó desesperadamente y unos segundos después estaba muerto en la palma de mi mano. Ese cadáver pequeñito, creo que es el mayor peso que gravita sobre mi conciencia. Pues, como lo comprendo per­fectamente hoy, es pecado mortal el forzar las leyes de la naturaleza. No debemos precipitarnos, ni impacientarnos, si­no seguir con entera confianza el ritmo eterno.
  • No dije nada, aunque era grande mi alegría. «Así», pensé, «los visionarios sublimes, los poetas inspirados ven siempre toda cosa por primera vez. Cada mañana se abre a su vista un mundo nuevo; no ven sino un mundo nuevo: lo crean.»
  • –¿Qué son diez o quince años ante la eternidad? No contesté. Yo sabía que la eternidad es cada uno de los minutos que pasan.
  • El hombre echa fácilmente en olvido todo aquello que no le conviene recordar.
  • He dejado de acordar­me de lo que ayer ocurrió y de preguntarme qué ocurrirá mañana. Lo que ocurre hoy, en el minuto presente, es lo que me interesa.
  • La dicha reside en cumplir con el deber. Y cuanto más difícil fuere el deber, mayor será la dicha.

Bueno, he quitado bastantes de mis notas, para no hacer demasiado largo este post. Pero creo que vale la pena “darle una vueltecilla” a algunas de estas que he dejado. Salud.

 

 

 



One Response to “Vida y hechos de Alexis Zorba”

  1. 1 rafae

    ZORBA ES MI LIBRO DE CABECERA

    Me gusta


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