Unamuno

14Oct10

Hace muchos años leí “San Manuel bueno mártir” y “La agonía del cristianismo” y ahora me apetecía volver a acercarme a este autor, en mi opinión controvertido y, en cierto modo, contradictorio. Así es que empecé a leer este verano pasado “Del sentimiento trágico de la vida”.

Por sintetizar en pocas palabras, este ensayo filosófico muestra a un hombre profundamente angustiado por la incertidumbre que supone el creer (o no) en la inmortalidad del alma. A mi me da la impresión que no se lo cree y que por eso escribe el libro: para convencerse (y tranquilizarse) a sí mismo. Probablemente este sea un juicio bastante heterodoxo, pero es lo que leo entre lineas… un ser humano atormentado por la posibilidad de que después de la muerte no haya más. También hay que situarse en el momento histórico, en que no todo se podía expresar abiertamente.

Pero volviendo a don Miguel, a mí me inspira cierta empatía por el hecho de no ser el icono de ningún movimiento, sino más bien un personaje denostado por todos. Desde Primo de Rivera (que ya le impuso un primer destierro), a los socialistas (entre cuyas filas militó un tiempo), pasando por Franco (al que en un primer momento apoyó) y la Iglesia católica (que no le pudo perdonar el meterse a teólogo aficionado). Creo que tiene momentos brillantes y meteduras de pata notables, como aquello de “que inventen ellos”, aunque probablemente esta frase se ha repetido tanto, como ejemplo de lo que no debe ser, que se ha sacado de su contexto y sentido original.

Para terminar este comentario voy a poner un cita que refleja su fino análisis de la condición humana: “Preferimos desbarrar con ingenio que acertar con ramplonería”.



2 Responses to “Unamuno”

  1. 1 Jesús Jareño López

    Quisiera añadir, Paloma, a tu perfil de Unamuno “algo” que utilicé frecuentemente en el aula y que fue objeto, también frecuente, de meditación y lectura en muy diversos foros: se trata de dos textos, relativamente cortos, en mi opinión no suficientemente conocidos. Te traduzco el primero y copio el segundo:

    “PROTESTA DE UNAMUNO.
    Franco declara:
    “Yo haré fusilar, si es necesario, a la mitad de España”.
    Nadie responde. Nadie protesta. A la excepción de un hombre: el viejo filósofo, Miguel de Unamuno, autor de “El sentimiento trágico de la vida”, rector de la Universidad de Salamanca, cabeza pensante de su generación, que permanece al frente de su universidad en territorio nacionalista.
    El “Día de la Fiesta de la Raza”, en Salamanca, en el gran anfiteatro de la Universidad, el general franquista Millán Astray, mutilado de guerra, injuria a Cataluña y al País Vasco, al tiempo que sus seguidores vociferan:

    “¡¡¡Viva la muerte!!!”

    Unamuno se levanta con lentitud y dice:
    Hay circunstancias en las que callarse es mentir. Acabo de oír un grito mórbido y desprovisto de sentido: “¡¡¡Viva la muerte!!!” Esta paradoja bárbara es repugnante para mí. El general Millán Astray es un inválido. ¿Qué hay de ofensivo en ello? Cervantes lo era asímismo. Desgraciadamente, hay, hoy, en España demasiados inválidos. Me duele el pensar que el general Millán Astray podría fijar las bases de una sicología de masas. Un inválido sin la grandeza espiritual de un Cervantes busca habitualmente su alivio en las mutilaciones que puede hacer sufrir a su alrededor”.
    Dirigiéndose a continuación, personalmente, a Millán Astray:
    “Ustedes vencerán porque poseen más fuerza bruta de de la que necesitan para esa empresa. Pero no convencerán, pues para convencer, sería necesario que persuadiesen. Ahora bien, para persuadir, les sería necesario tener lo que les falta:
    la Razón y el Derecho en la lucha. Considero inútil exhortarle a usted a que piense en España. He terminado”.

    Arrestado por orden en su domicilio, Miguel de Unamuno, con el corazón destrozado, murió unas semanas más tarde.

    [“MOURIR À MADRID”. Film de Frédéric Rossif. Texte de Madeleine Chapsal. MARABOUT UNIVERSITÉ. Éditions Seguers, Paris. 1963. pp. 76-78]

    El segundo texto, Paloma, más fácil de localizar, -por lo que me permito citar sólo un extracto- es éste:
    “YO, INDIVIDUO, POETA, PROFETA Y MITO.
    (…)
    -ÉL.- ¿Pero usted cree en los profetas?
    -YO.- Como entiendo por profeta otra cosa que usted, creo en ellos. Porque profeta, en el rigor originario de su significación, no quiso decir el que predice lo que ocurrirá sino el que dice lo que los otros callan o no quieren ver, el que revela la verdad de hoy, el que dice las verdades del barquero, el que revela lo oculto en las honduras presentes, el poeta, en fin, el que con la palabra crea.
    ÉL.- ¿Y qué crean el poeta o el profeta?
    YO.- Lo que ha de ocurrir. Y así el profeta predice y augura y anticipa y adivina; no porque diga lo que ha de ocurrir sino porque ocurre lo que él dice. (…)”

    [Miguel de Unamuno, MI VIDA y otros recuerdos personales. II. Editorial Losada. Buenos Aires. 1959. p. 85].

    Con un fuerte abrazo,
    Jesús.

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  2. Gracias Jesús por aportar una cita tan valiosa y tan elaborada.
    Unamuno me ha parecido siempre, quiza por falta de profundidad o de conocimiento por mi parte, un tanto contradictorio. Capaz de hallazgos brillantes y de otras expresiones no tan acertadas… en todo caso me quedo con lo de que vencer no es convencer. En nuestra vida diaria es mucho mejor convencer… en fin, creo que me ha salido el Perogrullo que todos llevamos dentro.

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