Erwin Schrödinger se ha hecho bastante famoso por su célebre gato, que a día de hoy, todavía no sabemos si esta vivo o muerto… es más, en un momento dado podría ser que estuviera urdiendo su penúltima resurrección para repetir el experimento una vez más.

Al margen del citado gato, que representa sin duda uno de esos felices hallazgos que casi nadie comprende pero que caen en gracia y son repetidos como meme de éxito, Schrödinger hizo otras cosas. Ahí está nada menos que la ecuación que lleva su nombre y que, desgraciadamente, es algo menos famosa que su gato. Según la Wikipedia, esta ecuación es a la mecánica cuántica lo que la segunda ley de Newton a la mecánica clásica.

Pues bien, al mencionado Schrödinger, le dio tiempo a hacer incursiones en la filosofía del pensamiento con escritos como “¿Qué es la vida?” o “Mente y materia”. Que ¿cómo alguien puede llegar a abarcar tanto?, pues es sencillo: además de ser un lince, probablemente madrugaba…

Hace poco leí “Mente y materia”, que fue editado en 1958, aunque parece que proviene de unas conferencias pronunciadas en 1956. Quiere esto decir que sus reflexiones tienen ya unos 60 años y, si bien algunos aspectos hayan podido matizarse a la luz de los descubrimientos realizados durante estos años, nos queda desde luego la sutileza del pensamiento de un científico que reflexiona sobre esa mente que nos distingue (o no tanto) del resto de los seres vivos.

Entresaco algún párrafo, en este caso en relación al lamarckismo, del cual seguramente se dudaba menos hace sesenta años que hoy en día: “Nada de lo que haga (un organismo) trasciende en la descendencia: las propiedades adquiridas no se heredan. Toda habilidad, todo aprendizaje, cualquier logro alcanzado, se pierde sin dejar rastro, muere con el individuo, no se transmite. Un ser inteligente pensará en este sentido que la Naturaleza rechaza su colaboración, que lo hace todo ella sola, condenando al individuo a la inactividad, al nihilismo.” Como se ve, nos trasmite una especie de melancolía de la que el mismo autor se da cuenta e identifica como un cierto “pesimismo” Darwiniano.

Sin embargo me voy a atrever a contradecir este pensamiento con la siguiente reflexión: cierto que cosas adquiridas, como la buena forma física o los conocimientos sobre cualquier asunto, no se pueden transmitir a la descendencia, pero si se puede pasar el testigo mediante la cultura, los escritos y el ejemplo.

 


 

Hace ya unos cuantos meses leí “El americano impasible” de Graham Greene. Confieso que al principio me pareció el típico folletín, rollo triángulo amoroso, eso sí ambientado en la antigua Indochina y salpimentado con una “permisiva” valoración de lo que supone ponerse ciego de opio.

Constatando mi absoluta ignorancia histórica de este período y de esta zona, he acudido a las fuentes wikipédicas y he sacado algunas conclusiones que muy, muy, pero que muy simplificadas podrían traducirse en lo siguiente: por allí andaban los franceses, que desde finales del XVIII buscaban su expansión por la zona, además estaban los británicos cuya presencia durante el XIX se tradujo en las Guerras del Opio (consecuencia de obligar a China a cultivar opio en beneficio de los británicos, naturalmente). Luego ya después de la Segunda Guerra Mundial tenemos a los norteamericanos que, una vez dividido Vietnam, ejercieron una notable influencia en Vietnam del Sur, todo lo cual desembocaría en nuestra conocida Guerra del Vietnam. Digo “nuestra” y “conocida” porque el cine se ha encargado de “mejorar” nuestros conocimientos del tema, aunque en mi caso tardé bastante en enterarme de que los americanos habían perdido esta guerra… la verdad es que tampoco era muy consciente de quien la había ganado.

Pero volviendo al libro: lo del triángulo amoroso, que sería un poco escaso y ya muy visto como argumento, va mejorando gracias a las personalidades un poco “especiales” de los integrantes de dicho triángulo. Por un lado el veterano y algo cínico periodista británico Fowler, el norteamericano idealista, y como tal un poco alejado de la realidad, Pyle y Fuong, la chica.

Sirve esta relación, complicada sin duda por la disparidad de culturas, para enmarcar la descripción de un conflicto de forma más que cinematográfica: atentados, bombardeos, emboscadas y todas esas cosas que ocurren en las guerras. De hecho la historia fue llevada al cine en 1958 por Mankiewicz y nuevamente en 2002 por Phillip Noyce.

 


 

beltraneja

He terminado de leer “La beltraneja. El pecado oculto de Isabel la Católica” de Almudena de Arteaga.

Está bien escrito y creo que es bastante fiel a lo que pudo ser la historia real, lo cual siempre es de agradecer tratándose de novela histórica. Digo esto porque a mi me parece que cuando el novelista se inventa un personaje, puede hacer con el lo que le venga en gana, pero cuando lo entresaca de las páginas de una enciclopedia, debe ser exquisitamente escrupuloso y no inventarse la Historia (con mayúsculas) a su antojo.

Para los que hemos visto la serie de televisión española “Isabel”, resulta inevitable la comparación de visiones. Y aquí me resulta imprescindible hacer la siguiente reflexión: cuando se elige una figura histórica para hacer una novela, una película o una serie, da la impresión que el escritor o el guionista se identifica con el personaje y disimula o matiza las sombras que inevitablemente hay en todo hombre o mujer, sobre todo en el caso de que por nacimiento se creyera con derecho a ostentar el poder. Me remito no solo a la serie, sino también a la biografía de Isabel la católica que ya comenté en este otro post anterior.

Juana, hija de Enrique IV y de Juana de Avis, se nos presenta por Almudena de Arteaga, como una víctima de las maledicencias de la corte, de la falta de energía del rey, de la superficialidad de la reina y de la ambición de Isabel y de sus fieles. Se narra la historia poniéndola en boca de una de las damas de la reina que se la relata a la propia Juana, que por edad no podía recordar en su totalidad. Me parece una forma bonita de contarlo.

Y ahora, dejando un poco de lado la novela, me pregunto: ¿como hubiera sido nuestra historia si la vencedora del pulso hubiera sido Juana en vez de Isabel?… quizás se hubiera casado igualmente con el rey de Portugal, pero este no habría intentado anular el matrimonio… y quizás en toda hispanoamérica se hablase portugués y no solo en Brasil… bueno por elucubraciones que no quede…


 

viajes-espaciales-y-basura-en-el-mar

Leo en el NG (National Geographic) de este mes un reportaje sobre viajes tripulados a Marte, con o sin billete de vuelta. Me ha llamado la atención, entre otras muchas cosas, que se está desarrollando y probando un sistema de recuperación de los cohetes de lanzamiento. Creo que esta es una gran idea y no solo porque sea más barato, sino porque ya está bien de ensuciar nuestro planeta con restos de todo tipo. Claro que como estos restos suelen caer al mar, pues parece que no ensucian tanto y lo que ocurre es que no los vemos tan fácilmente como si el vecino vacía la basura en la puerta de tu casa. En esta línea, y por similitud, me molesta mucho que con objeto de cualquier conmemoración o celebración, se lancen globos de diversos colores… ¿es que aún no nos hemos enterado que eso es porquería que caerá indefectiblemente sobre nuestros campos o sobre el mar?

Por otro lado es interesante lo que deja traslucir el artículo acerca de la competencia/colaboración entre la NASA y las nuevas empresas privadas de viajes espaciales, que por cierto no se si serán rentables de momento. Pareciera, siempre según NG, que las privadas representan el aire fresco de juveniles deseos de aventura y la NASA aportase la cordura de un viejo organismo burocratizado… no se que pensar…

Hablando de otro tema, también me llama la atención que haya gente que quiera ir a Marte (o a cualquier otro sitio) para no volver. Esto parece algo más que simple espíritu aventurero. Es quizás algo parecido a lo que sentían, o esperaban sentir, los trotamundos que se iban a las Américas allá por el siglo XVI o XVII. No es que no comprenda el afán de experiencias nuevas, lo que me cuesta entender es que no quieras volver… si por alguna razón es algo psicológico que te impulse a romper con el pasado, presiento que ese algo lo llevarás contigo donde quiera que vayas.


 

casa_espiritus

Hoy voy a comentar mi visión sobre “La Casa de los espíritus” de Isabel Allende. Creo que se trata de la primera novela publicada en 1982, por esta autora chilena (aunque nacida en Perú).

A estas alturas no tiene mucho sentido que venga yo a decir que es un libro fantástico, que la prosa de Isabel Allende es brillante, que los tiempos están magníficamente medidos, los personajes bien construidos, etc, etc… sería petulante por mi parte. De cualquier manera ya lo he dicho, así es que añadiré lo que si está en mi mano decir sin ambages: me ha encantado y lo he leído de un tirón, casi sin poderlo soltar.

En esta obra la autora nos cuenta la historia de una poderosa familia de un país que si  bien no se nombra en ningún caso, se adivina que es Chile, sobre todo cuando leemos los últimos capítulos que describen un golpe de estado militar que no puede ser otro que el de Chile en 1973. Si bien esta parte es la más “histórica” del libro que nos hace una buena descripción de estos hechos, a mi casi me ha gustado más la evolución de los personajes a lo largo de los años, algunos desde la infancia hasta la madurez o incluso la vejez, con ese punto de ficción-mágica tan característica de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX (creo que la han llamado realismo mágico).

Hace relativamente poco leí “Retrato en sepia”, de esta autora también y que ya comenté aquí. Por todo lo dicho, creo que “La casa de los espíritus” es lectura muy recomendable y me pregunto: ¿por qué no había leído yo esto hasta ahora?… imperdonable.


 

baztán

He leído los dos primeros libros de esta trilogía ambientada en Elizondo (Navarra) y de momento no tengo intención de perder mi tiempo leyendo el tercero.

Creo que me ha quedado un poco borde, así es que paso a matizar: se trata de novela negra aderezada con mucha mitología vasca, mucho tarot, mucho ahondar en infancias traumáticas y muy poco de seguir junto con el lector una línea de investigación de los crímenes, que te lleve a desenmascarar al malo de una forma lógica. Para mí eso es lo imprescindible en este género: que según vas leyendo vayas descubriendo junto con el investigador las pistas que te llevan a deducir que pasó. Aquí no hay nada de eso…

Como siempre que opino más o menos en contra de algo, me da un poco de reparo y suelo consultar otras críticas a ver si hay más gente que le pasa o es solo cosa mía. Así lo he hecho también en este caso y tengo que decir que he encontrado casi unanimidad en considerarla no una obra maestra pero si como buena o incluso muy buena. También he encontrado alguna opinión (muy pocas) en el sentido de que no hay “linea de investigación” sino más bien un estudio psicológico de la protagonista, una exaltación de la mitología vasca y una promoción exitosa de un entorno natural que, eso si, se describe con minuciosidad.

 


 

El_viejo_y_el_mar

Hace algún tiempo leí “Fiesta” de Hemingway y ya dejé constancia en otro post de que no me había impresionado demasiado. Consciente de la osadía que supone dudar de un Nobel de literatura decidí intentarlo de nuevo, esta vez con un valor que yo creía seguro: “El viejo y el mar”.

Desgraciadamente tengo que decir que nuevamente me ha defraudado bastante.

La historia es interesante, un anciano que se enfrenta al desafío de pescar un gran pez en solitario, pero que realmente se está enfrentando a cosas como la lucha por conseguir un deseo, la tenacidad para luchar hasta el dolor, la amistad, la soledad, el desencanto y a más cosas, supongo.

Sin embargo, a mí las descripciones de su lucha contra la fuerza del animal que le arrastra por la mar, me han parecido repetitivas. Creo que de las 95 páginas que puede tener el libro, se podría haber resuelto con 15 y hubiera quedado mejor.

Y luego está el tema de la escasez de vocabulario, es como si desconociera la existencia de sinónimos que pueden hacer la lectura más ágil, menos pesada. Aunque, bien pensado, esto puede deberse a la calidad de la traducción… por buscarle alguna explicación.

He leído críticas y, si bien hay alguna en la linea de lo que expongo, la mayoría lo califica de obra maestra o simplemente de lectura imprescindible. Bueno pues para que sea verdad que tiene que haber de todo y que para gustos hay colores, ahí queda mi disidencia.

Por esta novela corta recibió un Pulitzer y después le dieron el Nobel, así es que todo lo anterior debe ser producto de una alucinación pasajera. En mi descargo puedo decir que, al parecer, Truman Capote lo calificó de “idiota del todo” (ver aquí).




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