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Leo en el NG (National Geographic) de este mes un reportaje sobre viajes tripulados a Marte, con o sin billete de vuelta. Me ha llamado la atención, entre otras muchas cosas, que se está desarrollando y probando un sistema de recuperación de los cohetes de lanzamiento. Creo que esta es una gran idea y no solo porque sea más barato, sino porque ya está bien de ensuciar nuestro planeta con restos de todo tipo. Claro que como estos restos suelen caer al mar, pues parece que no ensucian tanto y lo que ocurre es que no los vemos tan fácilmente como si el vecino vacía la basura en la puerta de tu casa. En esta línea, y por similitud, me molesta mucho que con objeto de cualquier conmemoración o celebración, se lancen globos de diversos colores… ¿es que aún no nos hemos enterado que eso es porquería que caerá indefectiblemente sobre nuestros campos o sobre el mar?

Por otro lado es interesante lo que deja traslucir el artículo acerca de la competencia/colaboración entre la NASA y las nuevas empresas privadas de viajes espaciales, que por cierto no se si serán rentables de momento. Pareciera, siempre según NG, que las privadas representan el aire fresco de juveniles deseos de aventura y la NASA aportase la cordura de un viejo organismo burocratizado… no se que pensar…

Hablando de otro tema, también me llama la atención que haya gente que quiera ir a Marte (o a cualquier otro sitio) para no volver. Esto parece algo más que simple espíritu aventurero. Es quizás algo parecido a lo que sentían, o esperaban sentir, los trotamundos que se iban a las Américas allá por el siglo XVI o XVII. No es que no comprenda el afán de experiencias nuevas, lo que me cuesta entender es que no quieras volver… si por alguna razón es algo psicológico que te impulse a romper con el pasado, presiento que ese algo lo llevarás contigo donde quiera que vayas.


 

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Hoy voy a comentar mi visión sobre “La Casa de los espíritus” de Isabel Allende. Creo que se trata de la primera novela publicada en 1982, por esta autora chilena (aunque nacida en Perú).

A estas alturas no tiene mucho sentido que venga yo a decir que es un libro fantástico, que la prosa de Isabel Allende es brillante, que los tiempos están magníficamente medidos, los personajes bien construidos, etc, etc… sería petulante por mi parte. De cualquier manera ya lo he dicho, así es que añadiré lo que si está en mi mano decir sin ambages: me ha encantado y lo he leído de un tirón, casi sin poderlo soltar.

En esta obra la autora nos cuenta la historia de una poderosa familia de un país que si  bien no se nombra en ningún caso, se adivina que es Chile, sobre todo cuando leemos los últimos capítulos que describen un golpe de estado militar que no puede ser otro que el de Chile en 1973. Si bien esta parte es la más “histórica” del libro que nos hace una buena descripción de estos hechos, a mi casi me ha gustado más la evolución de los personajes a lo largo de los años, algunos desde la infancia hasta la madurez o incluso la vejez, con ese punto de ficción-mágica tan característica de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX (creo que la han llamado realismo mágico).

Hace relativamente poco leí “Retrato en sepia”, de esta autora también y que ya comenté aquí. Por todo lo dicho, creo que “La casa de los espíritus” es lectura muy recomendable y me pregunto: ¿por qué no había leído yo esto hasta ahora?… imperdonable.


 

baztán

He leído los dos primeros libros de esta trilogía ambientada en Elizondo (Navarra) y de momento no tengo intención de perder mi tiempo leyendo el tercero.

Creo que me ha quedado un poco borde, así es que paso a matizar: se trata de novela negra aderezada con mucha mitología vasca, mucho tarot, mucho ahondar en infancias traumáticas y muy poco de seguir junto con el lector una línea de investigación de los crímenes, que te lleve a desenmascarar al malo de una forma lógica. Para mí eso es lo imprescindible en este género: que según vas leyendo vayas descubriendo junto con el investigador las pistas que te llevan a deducir que pasó. Aquí no hay nada de eso…

Como siempre que opino más o menos en contra de algo, me da un poco de reparo y suelo consultar otras críticas a ver si hay más gente que le pasa o es solo cosa mía. Así lo he hecho también en este caso y tengo que decir que he encontrado casi unanimidad en considerarla no una obra maestra pero si como buena o incluso muy buena. También he encontrado alguna opinión (muy pocas) en el sentido de que no hay “linea de investigación” sino más bien un estudio psicológico de la protagonista, una exaltación de la mitología vasca y una promoción exitosa de un entorno natural que, eso si, se describe con minuciosidad.

 


 

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Hace algún tiempo leí “Fiesta” de Hemingway y ya dejé constancia en otro post de que no me había impresionado demasiado. Consciente de la osadía que supone dudar de un Nobel de literatura decidí intentarlo de nuevo, esta vez con un valor que yo creía seguro: “El viejo y el mar”.

Desgraciadamente tengo que decir que nuevamente me ha defraudado bastante.

La historia es interesante, un anciano que se enfrenta al desafío de pescar un gran pez en solitario, pero que realmente se está enfrentando a cosas como la lucha por conseguir un deseo, la tenacidad para luchar hasta el dolor, la amistad, la soledad, el desencanto y a más cosas, supongo.

Sin embargo, a mí las descripciones de su lucha contra la fuerza del animal que le arrastra por la mar, me han parecido repetitivas. Creo que de las 95 páginas que puede tener el libro, se podría haber resuelto con 15 y hubiera quedado mejor.

Y luego está el tema de la escasez de vocabulario, es como si desconociera la existencia de sinónimos que pueden hacer la lectura más ágil, menos pesada. Aunque, bien pensado, esto puede deberse a la calidad de la traducción… por buscarle alguna explicación.

He leído críticas y, si bien hay alguna en la linea de lo que expongo, la mayoría lo califica de obra maestra o simplemente de lectura imprescindible. Bueno pues para que sea verdad que tiene que haber de todo y que para gustos hay colores, ahí queda mi disidencia.

Por esta novela corta recibió un Pulitzer y después le dieron el Nobel, así es que todo lo anterior debe ser producto de una alucinación pasajera. En mi descargo puedo decir que, al parecer, Truman Capote lo calificó de “idiota del todo” (ver aquí).


 

ardilla

Leí hace algún tiempo “Tropezar con la felicidad” de Daniel Gilbert. Pese al título no me pareció para nada el clásico libro de autoayuda, sino más bien un estudio serio, aunque no exento de sentido del humor, sobre la felicidad en sentido amplio. De vez en cuando releo algún pasaje al azar y siempre encuentro cosas interesantes.

Esta vez di con un párrafo que transcribo:… en algún momento de su vida profesional [los psicólogos] publicarán un libro, un capítulo o al menos una reseña que contenga la frase “El ser humano es el único animal que…”

Luego sigue analizando las distintas formas en que se ha dado en terminar la frase anterior, por ejemplo: “que utiliza un lenguaje”, “que utiliza herramientas”, etc… y va constatando que todas ellas se han ido viendo desmentidas por algún experimento con monos, ratones o quien sabe que bichos.

Gilbert finalmente se decanta por que el ser humano sería el único animal que piensa en el futuro, haciendo una pertinente aclaración sobre la aparente previsión de los animales que guardan comida para el invierno, como las ardillas, por ejemplo.

Pues bien ahora vengo yo y, sin ser psicóloga ni nada, me lanzó con mi opinión: “el ser humano podría ser el único animal capaz de manejar metáforas”. Sería, dicho de otro modo, resaltar la capacidad humana de pensar en lo abstracto, no solo de anticipar el futuro sino convertir en categorías determinados hechos repetidos un cierto número de veces y establecer comparaciones entre distintas situaciones. Bueno, quizás haya ya en marcha algún estudio que no tarde en desmentirme.


 

heraclito

Heráclito fue un filósofo de los llamados “presocráticos” que vivió entre los siglos VI y V a. C. Se le ha apodado “el Oscuro”, supongo que por no ser demasiado fácil entender su mensaje. Esto es bastante lógico si pensamos que se apoyaba en los aforismos y en los oximorones.

Dado que un aforismo viene a ser  algo así como nuestros clásicos refranes castellanos, pues tal y como en el caso de los refranes, que existe uno para cada necesidad, podemos predecir que una filosofía basada en soltar aforismos, va a servir para defender una postura y, si se precisa, también la contraria. En cuanto al oximorón, poco que decir porque se trata de utilizar dos conceptos opuestos en una misma expresión (por ejemplo: “el dulce amargor”, o “la luminosa oscuridad”). O sea que basándose en estas dos columnas, el edificio tiene que ser, por fuerza, confuso y díficil de entender, lo que no quiere decir que no sea valioso.

Bueno pues hecha esta pequeña introducción, decir que he leído por algún sitio que Heráclito dijo que “saber muchas cosas no da inteligencia”. Muy cierto: hay expertos en ciertas materias, a los que si les sacas de lo suyo, son unos completos ignorantes. Pero, dando la vuelta un poco al argumento no tener ni idea de nada digo yo que menos aún nos dirigirá hacia la inteligencia.

Es verdad que hay personas con talento natural, a las que la vida no les ha dado demasiadas oportunidades y con un lenguaje muy sencillo hacen gala de una gran sabiduría. Pero está claro que, hayamos recibido lo que hayamos recibido de la naturaleza, si nos esmeramos y regamos la semilla, quizás en algun momento nos sorprenda dando fruto.

 


 

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He leído “La civilización empática” de Jeremy Rifkin. Se trata de un tocho de más de 600 páginas, cuyo subtítulo reza “La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis” y que, publicado el original en 2009, sufre algunas debilidades debidas al paso de estos 7 años. Es lo que ocurre cuando el paso inexorable del tiempo desmiente algunas predicciones que parecían bastante solidas en su momento y  si no que se lo pregunten a algunos que pronosticaron la fecha del fin del mundo varias veces con afortunadamente idéntico error, al menos de cálculo.

La idea matriz del libro, o por lo menos lo que yo creo que pretende el autor, es hacer un repaso de la evolución de la conciencia empática. Según Rifkin después de las eras sucesivas de las mitologías, las religiones, las ideologías, etc, ahora nos encontraríamos en la era de la empatía. Confieso que me ha sonado un poco a aquello de la era de Acuario que se puso de moda en los sesenta, y que sucedería inexorablemente a la era de Piscis con el consiguiente avance del “paz y amor para todos”. He buscado información en Internet acerca de este punto y es un poco de lío, ni siquiera se ponen de acuerdo en cuanto a la fecha de inicio del reinado de Acuario, cuando esto creo que debe ser una fecha bastante exacta basada en la astronomía.

El libro va pasando revista a todo lo que pueda tener que ver con la empatía: desde las reacciones a la muerte de Diana de Gales hasta las consecuencias de la universalización de la sanidad pública, pasando por el Código de Hammurabi o la comercialización de los excedentes de las energías renovables. En fin, como se ve una tarea titánica, pero que (salvo algún reparo, como por ejemplo poner ligeramente en entredicho el método científico) desarrolla con bastante brillantez.

Para acabar con buen sabor de boca voy a transcribir unas líneas que, aunque solo sea como ideal a alcanzar y excluidos del género humano los dictadores de todos los tiempos, me han parecido muy hermosas: “… nuestra especie es un animal afectuoso y muy social que anhela la compañía, aborrece el aislamiento y presenta una disposición biológica e expresar empatía con otros seres”.




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